Latidos rápidos, incesantes, sin tregua,
llego a las cumbres para serenar mi corazón,
y ahora me detengo, ¡frente ante lo inmenso!
El silencio susurra besos y aleteos de pájaro,
y mi alma se vacía de certezas y dolor.
Me embriaga lo que aprendí pegada al suelo:
ese gozo infantil que liberaba el cálido viento
aquella alegría llenaba de estupor el pecho,
dejando mis párpados abrasados de anhelo.
Tiemblo ante este acontecer de la memoria,
mientras arden despacio todas las perdidas,
como barco extraviado que se pierde a lo lejos.
Apoyada vivo sobre el bastón de mi cuerpo
cercando la sombra a la muerte, que enhebra
su mano fría a la mía,
-fino hilo de aliento-
Hoy que nadie nombra el verso que calma
frente al lenguaje terrible de la muerte
que irrumpe como agónico suspiro de un ave,
sobre las luces violetas del crepúsculo.
Charo, abril 2023
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