Profundo estupor que pulsa mis frágiles sienes
como flor marchita que suspira en el olvido,
un pálpito de aire suave, imperceptible
desangra mis venas lentamente
ajando las endebles certezas.
La pregunta cae con severa templanza:
¿Quién soy en mi ser de nada?
¿Tal vez el musgo frío que yace entre las sombras?
¿o acaso un bosque que arde con un fuego incontenible?
El verbo amortajado por las calladas nieves del invierno
deja un tramo del anhelo sin respuesta en el camino.
Al fin un simple resto que se niega,
cegado por la bruma,
a ver la simple brisa del océano
lacerando mí piel impávida.
Entonces…
¿Dónde encontrar el sentido que me falta?
Las liras ya no suenan dentro de mi cabeza,
han salido
volátiles
entre nubes vaporosas y viajeras.
Seré la incógnita de mis pobres saberes ancestrales,
como rastro que macera la pócima de la cordura.
Y si sólo soy pregunta sin respuesta:
¿A quién habla mi alma?
cuando busca la verdad en los confines de la duda
sin hallar remedio al dolor perpetuo.
Sólo es palabra perdida en la distancia
que muda me seduce con engaños y esperanzas.
Piedad, abril 2022

Estupendo poema sobre las preguntas sin respuesta de la vida. Ser una incógnita es estar abierto ante todo. ¿Qué somos? Preciosos versos!
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ResponderEliminarEso es lo qué quiero decir. Gracias. La vida es una incógnita.
ResponderEliminarPor fin lo he conseguido chicas.
ResponderEliminarMagnífico poema en el que hablas de la incertidumbre, de las muchas dudas sobre lo que somos o queremos ser o lo que seremos. Y lo que creo que es más importante, de todo lo aprendido y, más tarde, desaprendido, porque ya no nos sirve. Precioso hermana como lo has plasmado en tus versos.
Gracias por tu comentario. Así es, la pregunta siempre está, la respuesta nunca.
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