¡Áspero mundo!
Hambriento, sigiloso y voraz
como un felino.
A dentelladas trocea los huesos
de manos y brazos
lanzándolos al pozo de la luna
y más allá de su confín.
Sus secretos y sus sombras tan tediosos,
como melodía triste y tenaz,
¡tan salvajes como un ciclón!
Después de la feroz travesía por
mi propio duelo,
el perverso azar envió una tempestad,
y el amor viró a la deriva y, me lanzó
contra las frías y mudas rocas.
Fui pájaro aturdido cayendo
al océano de turbulentas aguas
sacudidas por feroces vientos,
que me trasladaron a la otra orilla
-donde el espanto aguarda-
para viajar hacia la oquedad de la nada.
Un barro negro tiznó mi cuerpo
desde el pecho hasta la espalda
y, atrapada en la turbia noche,
un cuervo levantó sus alas, y mordió
la garganta hasta provocar la náusea.
El desamor se ha derramado como aceite
sobre mi mente y
-ahora es
tiempo de ceguera-
las flores perdieron su fragilidad y su
dulzura.
La amargura es más grande que
el gemido que sale de mi boca,
gritando a esta tierra,
gravemente
herida.
Charo, abril 2022
"El Barquero del Inframundo"
Michelangelo Buonarroti fresco 1541

