Espero en la orilla,
al filo de mi pequeño acantilado,
el viento arrastra el olor ocre
de sus profundidades.
Entre las rocas se oyen ancestrales
cánticos marinos,
de antiguos barcos atrapados
por aladas sirenas.
El polvo del tiempo
viste la memoria adormecida,
los húmedos aires despiertan
mi cuerpo letárgico.
Desde el borde, la brisa rasga las piedras,
en rítmica melodía de sonidos que seducen
al inquieto océano.
La madrugada radiante
se embriaga de tenues colores,
las hortensias esparcen sus pétalos
al beso del salitre,
furiosas algas se mecen aturdidas
por la blanca espuma.
Ms allá del horizonte las nubes bailan
al son del mar.
En el crepúsculo azul,
la noche agita las dóciles mareas,
las olas nacen y pronto
se derrumban en los sueños.
El corazón en cada latido llora
lágrimas de esperanza,
el poniente aligera el instante,
le queda poco tiempo.
Las estrellas se vierten, tranquilas,
brillantes, eternas.
Charo enero 2022
Precioso poema que nos habla de naturaleza viva y esperanzadora.
ResponderEliminarBella descripción de un paisaje sobrecogedor. El mar salvaje y puro. Una delicia para los sentidos.
ResponderEliminarGracias por leerlo.
ResponderEliminarLa fuerza de la naturaleza es una inyección de energía para el alma.
El mar te sume en sus misterios y afloran las palabras. Precioso poema , belleza y sensibilidad.
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