Alertas me llegan en efímeras ráfagas de sueños,
que
envuelven mis temores más ocultos
entre
las espumas sucias de la memoria.
Me acecha, con empeño,
el hedor rabioso de la inmundicia,
y
no logro soltar las cadenas de este infierno.
Sólo sé que la fuerza del corazón, acorralada,
huye hacia embalses de aguas flotantes
entre
remolinos de suciedad insulsa.
Tanto
me llena, tanto me espanta.
¿Qué
temor me aferra a esta espiral letárgica,
a
este laberinto sin salidas?
No puedo enfrentar este trance
si se consuela
con
las astutas manos que mecen plácidas la vida.
La misma impostura otorgo
a esta ceguera inmunda;
destellos negros del miedo.
¿Cómo
quitar esta venda estéril de mis ojos?
nada
puede verse desde el confuso ventanal,
y
no sé cómo borrar este yo aquejado de todo,
si cuando abro las cortinas
me saluda risueño
sabedor de su triunfo
ante mi pasiva voz.
Piedad, 19 de noviembre de 2021
Espléndido poema para expresar ese sentimiento de tormento y dolor que nos atrapa.
ResponderEliminarLa niebla que se queda pegada a nuestros ojos imaginarios y no nos deja ver nuestro interior.
ResponderEliminarCreo que se el amargo sabor de esa derrota.
Gracias chicas por compartir estas poemas sublimes.
Cierto. Y saber lo difícil de ver para poder enfrentarlo.
EliminarQue hermoso poema Piedad. Qué bien describes el dolor del alma, que ocultamos casi siempre, incluso sin querer. Me encantan vuestros poemas.
ResponderEliminarSabemos del dolor, pero siempre se oculta. Nos ponemos tantas trampas que no nos dejan ver.
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