La tragedia revela la urdimbre de la
locura
nebulosos monstruos arañan su letal
figura,
reabren la callada herida: remate
imperfecto
del duelo de vivir, prendido del miedo.
Acosa un destino de tormento y
melancolía,
desgarrado el corazón, y extrañeza
en la mirada.
La angustia se hace hueco entre los
huesos,
terco silencio sin luz de sus deseos.
Quiero poner rumbo a mares de
violentas olas
que atrapen, loca, furtivamente el alma.
ojos párpados a un horizonte
de esperanza.
para no llorar siempre sobre la misma
grieta.
Sacudir la tristeza de esa estela de
penumbra,
desterrar los gritos y llenar la boca de
dulzura.
Pelear hasta perder la voz, y rehacer al fin
la huella,
¡con palabras que cautiven el fuego de la
bravura!
Charo Fiunte septiembre 2021

Qué triste y bello poema! Las heridas presentes siempre. Descubriendo la tragedia a flor de piel.
ResponderEliminarGracias por leerlo. Así es, las heridas que retornan siempre como duendes que te señalan el dolor.
ResponderEliminarLas heridas del alma nunca cicatrizan. Bello y triste poema.
ResponderEliminarQué hermosa definición de las heridas que todos llevamos dentro. Heridas que a la vez nos hacen aprender en este camino de espinas.
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