Un vértigo fugaz ahoga el aire,
y atraviesa el habla,
- ¡Acecha la muerte! - disfrazada de rosas
blancas.
Infinito vacío que invade
el inerme cuerpo,
desgarrando la sangre de vísceras dolientes.
Interrogantes los ojos preguntan
a la noche arcana
¿Por qué se detienen las horas malvas?
¡aúlla la mirada!
- ¡No escucho el mar, ni el bosque, ni los vientos,
sólo se oye la inenarrable nada! -
Aparece el espanto rondando,
con sus tenaces garras,
rasga el crepúsculo:
acaricia el escenario del drama.
La nada se vierte en presencia,
engaña al rocío de la mañana,
…y aparece el tormento que murmura
tras la
angosta ventana,
-una voz bajo la estela de furtivas pisadas-
Y la luna traspasa por las sombras
de una oscura alborada,
la brisa agita ignorante, visillos de ocultas
veladas:
descubre el misterio
que inquieta la vida soñada,
donde se alinean los rostros,
con sus bocas amargas.
El corazón siente la tormenta que sobreviene
callada,
donde se halla un infierno,
que deja
sin aliento
la voz,
y la palabra.
Charo Fiunte, julio 2021

