De madrugada bajaba desde la cumbre del alba
con un saco a sus espaldas cargado de panes tiernos.
La pena ya congelada en pensamiento silente,
el paso lento pisaba sus viejas huellas selladas
con en el peso del futuro lidiando la calle ancha.
-En sus manos arrugadas molido de harina blanca
y las botas de sombrero defendiendo su morada-
En las noches del invierno muy ligero se alejaba,
resguardado en las varillas que sujetan el paraguas,
con el abrigo volaba hacia la noche cerrada
empujado por el viento que deja la miseria amarga.
-Y su sombra dibujaba un quijote derrotado
cuando el sendero negro complaciente le tragaba-
En su rostro macilento forjaba dientes de puño,
cuando apenas le soñaba en su maraña escondido.
Su mirada compasiva siempre andaba soslayada
en caricias que turbaban aquellos ojos de infancia.
-Su pena nunca fue mía, recuerdos de la añoranza,
yo no lo comprendía y siempre de espanto lloraba-
Piedad, mayo 2021

Que maravilla, que versos tan llenos de expresividad, es la viva imagen de un buen hombre derrotado por la vida.
ResponderEliminarprecioso poema!!
Gracias por este comentario tan acertado. Eso es justo lo que quería expresar. Un hombre derrotado por su pasado y su presente.
ResponderEliminarBellisimo , tritisimo. Maravilloso. Así le recuerdo yo en mi infancia, tan vulnerable que comprendia sus ataques de ira. Siempre sufriente.
ResponderEliminarGracias. Esa vulnerabilidad que tanto le definía era también su fortaleza.
ResponderEliminarMe ha emocionado tu poema querida. Mi recuerdo es la sombra de un hombre abatido con un saco al hombro, pero defendiendo lo suyo con uñas y dientes. Su fuerza, su familia, su debilidad, su carácter. Maravillosa descripción la tuya hermana. Has sabido captar su esencia de una forma tan bella tan presencial que conmueve.
ResponderEliminarGracias. Me alegra que pueda identificarse la lucha de un hombre que no quiso rendirse.
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