Si te detienes y escuchas, aún se puede oír el eco que dejó en el aire un canto adolescente, con sus deseos y frustraciones. Ahora es un desconsuelo ver como el miedo ha detenido, durante tres largos meses nuestras sonoras vidas. El virus que nos invade es letal y ha transformado la primavera que comienza en un incómodo silencio y una impostada calma.
Comienza un estado de aislamiento que obliga a no salir a las tan solitarias calles. La vida sigue su curso pero no podemos estar ella, la contemplamos a través de los balcones y ventanas del mundo, sin posibilidad de interaccionar, impasibles y solos. Esta primavera gris y lluviosa nos obliga a observar a través de la ventana el pasar de los días, tan iguales uno de otro, con sus amaneceres y anocheceres sintiendo como la naturaleza adquiere su estado más salvaje, y también por fin su armonía. Los arbustos con los capullos en flor, o el alocado viento: ese cielo de los despertares limpios casi cristalinos, teñidos de azul añil.
Llegan los olores del vendaval de la tormenta que amenaza con toda su furia a la tranquila ciudad, pintada en los pequeños fragmentos visibles desde los cristales gastados del ventanal, con su sentir sordo de tristeza y encarcelamiento.
En estos momentos de soledad no buscada, seguimos una comunicación no verbal. Pero al ser el lenguaje quien nos conecta con el otro: que es lo que somos, no podemos transmitir nuestro aislamiento, que ahora nos determina. Nada nos libra de este abismo de melancolía.
En éste momento único y mágico sólo importa lo que percibimos, ni lo conocido ni lo aprendido. Ahora la naturaleza se impone al hombre y nos recuerda su presencia, nos cubre con su manto perfumado y verdoso enviando su pureza y su viveza. Nos coloca de frente, a mirar la zarandeada vida que vivimos. Observamos con dolor y sufrimiento lo que nos rodea porque percibimos la fragilidad de nuestra existencia . Esa dureza del hombre impostada y aprendida para sobrevivir, hoy nos muestra lo poco que en realidad tenemos y lo lejos que estamos de nuestra esencia.
Charo Fiunte 15 de mayo de 2020
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