Tiembla el sol y perfila los sauces,
el arroyo brilla en su rumor,
y se desvanece la herrumbre.
El viento tibio desciende,
y un soplo me besa, si me amas.
Vuela tu sonrisa hacia lo alto
dejando húmedos los labios,
mientras la boca ardiente y febril,
sobre la tierra, se desangra.
Las raíces florecen y se abren
en una melódica danza.
La esperanza yace en tu abrazo,
nos arropa con un manto púrpura
que amarra la hierba templada.
Sonámbulo el bosque, murmura,
desnuda su brisa amarga;
a leña seca, resina y musgo,
cenizas caen de sus negros tallos,
labran su fértil hondonada.
Si solo nos queda el invierno,
sujeta esta mano agrietada,
aterida de niebla y frío,
el tiempo beberá la nevada.
Charo, noviembre 2024

