martes 07 2024

Desenredar la lluvia

Cayendo de sombra en sombra,

azotada por el destino, mientras se inicia

el ocaso en la arboleda de la memoria.

 

Cuelga sobre un pétalo una sílaba esquiva,

que las aves prendieron al albur de una caricia.

Unos temblorosos pasos liberan los grilletes:

llagas que perturban la memoria de los huesos.

 

Embruja el horizonte con su lúdico lamento,

huella que anidó en las raíces secas de mi pecho

(llanuras de escasez e invierno).

Las pérdidas desgarran las desiertas cicatrices,

hiedra que nombra el daño con pulsos febriles.

Me alientan esas manos que amasan el trigo,

tenaces frente al viento, y las oscuras sombras,

ese saber, del principio y del fin de los tiempos.

Esos brazos que encienden un sol en la noche,

que iluminan con sus llamas la puerta de salida,

a una crisálida en las lindes 

de la melancolía.

En ese instante de luz, va cambiando la herida

desatando el nudo eterno, entre el dolor y la vida.

Cayendo de sombra en sombra,

se desenreda la lluvia

que humedeció mis labios

en las primaveras de la infancia.

 

 

Charo, mayo 2024



  

                                           

Canción de cuna

En las frías noches melancólicas,

súbita y apabullante, emerge un compás farfullero

alterando los sentidos malogrados del tiempo.

Ácidos presagios componen una lamentable melodía,

mientras la casa se resquebraja

ante mi perpleja quietud.

Sin cimientos que cubran mi fortaleza,

la piel desgarrada respira el polvo de la desolación;

sin sonidos que cubran la extrañeza.

Una procesión de notas discordantes

forma una canción de cuna:

un ritmo amargo que estremece,

lamento que se clava en los oídos

descomponiendo en pedazos el ser.

Un resquicio de esperanza al alba

huye por la niebla espesa de mis ojos

colmando de un silencio apabullante

la vida que se degrada.

Pues no hay olvido al abrigo del dolor

ni perdón que se pose en el alma.


Piedad, mayo 2024