domingo 14 2024

Caen pedazos

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                                                                                                  A mi madre    

Pétalos negros emanaban de mi boca

glaciales y ásperos

(desde los rincones de la infancia)

como ese viento que aullaba

a través del balcón

cortando el frio por sus viejos surcos,

como una daga

quebrando mis huesos de cristal,

que temblaban

al compás del tintineo de una lámpara amarillenta.

Aletargada, sin respirar,

lacerada por la quietud doliente y febril,

me sostenía el aire etéreo, apático y húmedo,

del cuarto.

Mi latente herida enmudeció de sentido

frente al vértigo resignado de la muerte.

Pero tus manos tibias y grandiosas,

y tu infinito aliento

ante mi rostro, resucitaron el cuerpo

que transitaba en las tinieblas,

abatido por un abismo de dolor.

Esa tímida caricia alzaba

mis párpados hacia la esperanza,

y el miedo, esa larga sombra,

se desvanecía despacio,

y con sus alas de espuma atravesaba la ventana.

Inerme ante la batalla,

mi voz quedó muda, sin vocablos

-abrasados en el fuego roto de mi garganta-

Mi fragilidad era más grande

que el horizonte blanco de la nieve,

que ilumina el espectro de la nada.

Entre tu honda mirada y mi eterno anhelo,

se prendió el alba

y se ovillaron para siempre, 

los hilos de seda que enhebran

los silencios que encubren las palabras. 


Charo, enero 2024

                                                    


    

Niebla

Un humo ceniciento opaca la luz,

residuos perfilan formas sinuosas;

parece una mujer con su bata de tergal,

la mirada perdida y los brazos extendidos.

Sacudo el aire ahuyentando las sombras;

se abren parsimoniosas en diminutos cúmulos.

Un anciano se despide con gesto vencido,

agotados los brazos del corazón.

Rostros asimétricos en enjambre

aparecen en los claroscuros:

Bocas de hambre, niños de arena

se extinguen en el suelo húmedo,

resbalan de mis manos inhóspitas.

Duele el frío.

Un rayo de luz despeja la bruma,

azarosa dibuja un puzle imposible;

flores y sangre,

risas y llantos.

Me deslizo al lugar de las máscaras

otra vez,

alojada en sus dominios,

en un morir constante

con esa niebla oscura

que me sigue a todas partes.


Piedad, enero 2024



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