sábado 30 2023

Fuera de casa

  

Hay que abandonar esta casa y su alborada.

Olvidar las hojas que el aire mecía

en medio del lodo,

y las gotas de lluvia que bebía

el parvo y reseco arroyo.


Nuevas frondas invaden hoy

de extrañeza lo que amé,

se adueñan de mí, anegando

el cuerpo de nostalgia,

de esas manos que envejecían acariciando el rostro.


La inocencia imanta: partir,

exiliarme de lo que fui,

ser el pájaro solitario atraído por otras huellas,

huyendo de ese huracán de ceremonias inútiles.


Despierta ante la pérdida, apoyo la frente febril

sobre los cristales fríos,

mientras cae la nieve abrasando

los ojos de la miseria

poblados por la desesperanza.


Vivir el extravío de otra creencia de verdades,

que quizá ni existan,

en el confín de otros territorios

y laberintos de rebeldía,

donde poder limpiar la herrumbre de los párpados

y, derribar los cimientos

de aquella humilde casa y su insaciable melodía

entre el corazón y sus tormentas.

Porque paso a paso,

vamos haciendo pie y acabamos

expulsados hacia fuera.

Aunque el tiempo, ese acosador que amortaja las tumbas,

nos detenga acechante,

aún persiste imbatible,

esa ira fluyendo por las arterias.

 

Charo, septiembre 2023








Un sueño roto

Por el ventanal asoman los cautos arbustos,

sus manos firmes acarician mi pelo.

Calle abajo, corren las guirnaldas de la noche;

estremece la felicidad impostada.

Un repliegue de músicos tuneros se llevan,

en sus instrumentos, la luna sonrojada.

Miro la triste despedida con la máscara de lata:

hay un ser de cristal entre las sombras

que mira de soslayo los sueños en el viento.

Parece que un barco está zarpando de algún puerto

y siento una amorosa extrañeza

como si partiese una parte de mí podredumbre,

pero la tierra sigue pegada a los huesos.


Un triste gato pasea por las calles solitarias,

juega con su sombra encorsetada en la pared;

se diluye con el paso de las luces azules

embelleciendo la geometría de las baldosas.

Cerca o quizá lejos, las nubes se separan del cielo

tiritando de frío hacia el tímido amanecer.

En los ojos vidriosos de tanto querer ver

hay una lluvia fina que cubre, como niebla espesa,

las pérgolas de todos los jardines.

Una bella canción sale de un tejado rosado,

sube como los estorninos hacia el sol naciente.

Un pájaro negro se queda por la arboleda, canta

un llanto, una pena inmensa con olor a grieta.


Piedad, septiembre 2023