Sueña la alegría la senda
de mi corazón:
bordeando el malherido
y amarrado cuerpo,
investido de heridas
de siglos de silencio,
¡colgado de la inocencia
del último verso!
Danza la esperanza a
mi alrededor furtiva,
en un tibio amanecer
de espuma esmeralda.
¡Ay corazón, sombrío y
sediento de estrellas!
Rendido a la tierna bruma
de la melancolía,
la huella del dolor olvida
la palabra valentía.
Hasta que al fin emerjan
las flores del deseo, que
en las raíces de
cien años se enredan,
cuando mis ojos regresen del origen
- donde la infancia mora -
y poder habitar un mundo sobre su vientre,
libre de cadenas.
Charo, marzo 2022

